Cambio de estado

Después de un par de meses de ausencia, vuelvo a sentarme frente al ordenador intentando ir recobrando la normalidad. Ha sido un tiempo de diáspora y de alta intensidad emocional que habrá de marcar un cambio vital sin duda. Un verano donde todo se ha movido y, por primera vez, me he tenido que enfrentar a los miedos de la pérdida, a la incertidumbre del futuro, al pago de altos peajes, al desasosiego y el desconsuelo por las cosas malas que nos ocurren, a la esperanza y la alegría por lo bueno que viene. Y es la primera vez que se trataba de sentimientos sobre los que no tenía dominio ya que no nacían en mí ni tampoco podía gestionar, no sé si me explico. Afortunadamente poco a poco se va superando y el tiempo se encargará de ir dulcificando el recuerdo y lo que nos queda se encargará del resto.

Estos meses de hospitales, de noches sin dormir, de médicos, de urgencias, salas de espera, operaciones, salas de reanimación, habitaciones numeradas, terapeutas, fisios, turnos de visita, desinfectantes de mano… han sido una fuente infinita de aprendizaje y también de sorpresas -más que agradables la mayoría- y alguna decepción -que son rápidamente olvidables y prescindibles-.

Para poder soportar toda esa tensión elegí pasar de puntillas por la vida, como mero mecanismo de supervivencia. Posiblemente no es la decisión más acertada, pero esa especie de estoicismo imperturbable fue capital para mantener la calma cuando todo se tambaleaba. Nunca he sido un optimista patológico (es más, no suelo simpatizar con esa visión del todo va a ser genial), así que lo que más me ha ayudado fue ir quemando subetapas o poner pequeños objetivos sin pensar en el proceso global o en el final del camino.

Reposicionar las prioridades, volver a medir las responsabilidades y la importancia de las tareas. Lo estúpido que te sientes al recordar lo mucho que te afectaban algunas decepciones laborales o personales…. no hay mejor medicina que la perspectiva para curar esos males.

También el sentirte tan pequeño, ser consciente de que no tienes ninguna respuesta ni capacidad de cambiar la realidad es algo que nunca había sentido tan de cerca. Acompañar, simplemente, y no pretender hacer más.

Y por supuesto, volver a sentir la generosidad de los demás, personas de muy cerca y de más lejos, que demuestran su calidad humana y su humanidad, yendo mucho más lejos de lo que en principio se espera. Reconforta y da calor, y permita darme cuenta de lo mezquinos que podemos llegar a ser inventándonos problemas y lo poco que significan cuando llega de verdad la batalla.

Una vez que se pagan esos peajes toca pasar página, quedarse con esas lecciones aprendidas y disfrutar de lo que tenemos y hemos reconocido, que es mucho y muy bueno. Dejar que el tiempo haga su trabajo y saborear al máximo cada novedad, cada nueva experiencia, cada rutina.

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2 comentarios

Archivado bajo Gestión del conocimiento

2 Respuestas a “Cambio de estado

  1. JFA

    Sabias palabras, David. Qué necesario es ir avanzando pasito a pasito y sabiendo disfrutar de los hitos alcanzados…

    ¡Un abrazo!

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