Decisión y obstinación

En esta época tan convulsa en la que los cambios en el entorno están sucediéndose con rápidez, y estamos viendo como empresas con trayectorias consolidadas están sufriendo graves problemas (constructoras, promotoras, ingenierías… e industria en general), es necesario reflexionar un punto de la diferencia existente entre dirigir de manera decidida una empresa o caer en la obstinación de mantener el rumbo más allá de lo que dice el entorno. Así pues, las preguntas que nos podemos hacer en un primer momento pueden ser, una vez acordado un plan y puesto en marcha ¿hasta dónde se debe dirigir sin que sufra modificaciones? ¿es lícito mantenerse firme a pesar de todas las adversidades? ¿o por el contrario lo valiente es virar en un momento dado para adaptarse al entorno y evitar problemas de calado que puedan originar serios problemas en el futuro?

Sin lugar a dudas, opino que la segunda opción es la más recomendable e inteligente. Se trata de una cuestión de amplitud de miras y pensar en el medio plazo. El objetivo final es el destino, y en ocasiones la distancia más corta no es la línea recta para poder llegar a él. Evidentemente esto no es fácil, significa modificar el corto plazo, definir un nuevo camino, desarrollarlo y llevarlo a cabo con la suficiente motivación y entusiasmo, de manera que sea compartido por todo el equipo como única vía para poder llevarlo a la práctica, siendo conscientes de que el objetivo final es el verdadero destino que se está persiguiendo.

Ante un grave inconveniente que impida mantener la dirección, la primera acción a realizar es analizar, tomar perspectiva y realizar un minucioso ejercicio de afloramiento de las causas y los efectos, analizando la vigencia de los objetivos habida cuenta de  los cambios en el entorno. A partir de las conclusiones extraídas, se debe realizar una nueva planificación y estrategia a seguir aprovechándose de las enseñanzas que ese grave inconveniente nos ha dado. Algo que realmente es una aplicación práctica del sentido común, no siempre es la primera reacción que se vive en muchas organizaciones.

En muchos casos, estos momentos son verdaderas oportunidades si se sabe afrontar y se tiene la determinación absoluta de estar siempre preparado para el cambio, porque si el entorno cambia y no estamos preparados para cambiar con él, únicamente iremos directos a estrellarnos (pensemos en tantos casos sonados de empresas líderes que no supieron adaptarse al medio y no entendieron que esos inconvenientes como señales, como puede ser el caso de Kodak).

Por eso, el capitán del barco debe contar con un alto nivel de determinación y orientación a objetivos, pero también debe poseer  prudencia y un profundo sentimiento de que lo importante es el objetivo, sin que el ego sea un factor que pueda contaminar los análisis y la toma de decisiones.

En caso de cambiar el rumbo a corto plazo, muchos equipos lo consideran un fracaso sin haber analizado las causas (o sin hacerlo de forma objetiva), aunque está demostrado que muchas veces el fracaso en el corto plazo puede ser el éxito en el largo, y que si se sabe aprovechar la oportunidad que emana de esa nueva circunstancia se estará más cerca de alcanzar el objetivo final.

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Archivado bajo Estrategia, Liderazgo

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